La libertad no consiste en abrazar la doctrina adecuada sino en desasirse de todas ellas

sábado, 8 de septiembre de 2018

JUANA RIVAS O EL IMPERIO DE LO "MUY SENTIDO"




Juana Rivas cometió un delito de secuestro de menores basándose en un pretendido maltrato continuado de su marido que no ha podido demostrar.  Para ello se valió de las instituciones y el poder mediático, desobedeciendo reiteradamente toda orden judicial.  



Su responsabilidad penal no queda eximida por haber sido mal asesorada en la Concejalía de Igualdad de Maracena por unos empleados públicos (comandados por la inefable Francisca Granados) que se supone deberían velar por el bien del ciudadano,  respetando y haciendo respetar las leyes. A estos empleados,  sin embargo, habiendo faltado a las normas deontológicas más elementales, ni se les ha destituido ni se les procesa. No es de extrañar si quienes deberían hacerlo, los jerarcas de la política,  fueron abanderados de la campaña viral  “Juana está en mi casa” de hace un año. Desde el presidente del Gobierno a la de la Junta,  quien ha destinado recursos de todos los andaluces a la defensa de la”causa Juana” -politizada hasta la náusea- deberían asumir responsabilidades. Pero no parece que esto vaya a ocurrir,  utilizan a la madre desbordada de emocionalidad  para hacer desbordar también las emocionalidades de quienes agitan las pancartas en el circo mediático. Nada más abonado para el pastoreo de la grey que el vapuleo de emociones,  lo vemos de continuo en casos que,  no por casualidad,  se convierten en espectáculo de masas.



Sorprende comprobar cómo un feminismo que se dice valedor de  las capacidades de las mujeres -intelectivas,  entre otras- hace ese exhibicionismo de emociones tan primarias y apela a la pura visceralidad en todas sus performances de pancarta y de redes. Capítulo aparte merece el melodrama televisivo capitaneado por  las lideresas mediáticas del lila,  Ana Rosa y la Griso,  personajes aglutinantes de la telenovela que ellas mismas alimentan, desde las algarabías de plató a las de calle,  haciendo caja,  naturalmente.  









PENSAR UNA REVOLUCIÓN PARA EL SIGLO XXI



La palabra «revolución» es una de esas palabras exangües, de tan traída y llevada a lo largo de la historia por vericuetos que han culminado en desenlaces atroces, a menudo imponiendo un totalitarismo más feroz que el que se pretendía subvertir.


Cuando no, es una palabra desustanciada por el mercado de consumo que, a través de la publicidad, impone la creencia de que cualquier cualidad que se atribuya a un producto, sea ésta la innovación en un motor o en una crema facial, esa innovación le aporta en sí la cualidad de «revolucionario».


¿Qué quiero decir, entonces, cuando aludo al término «revolución»? Más allá de las convenciones del diccionario, propongo una definición como punto de partida: cambio radical que se produce simultáneamente en distintos ámbitos, tienen consecuencias trascendentales, nacen en procesos colectivos, subvierten el orden establecido.


A partir de aquí quienes crean que un cambio trascendental en la sociedad en que vivimos no es necesario pueden abandonar la lectura. A quien, por el contrario, le mueva la inquietud (se haya cuestionado que vivir hacinados en urbes, sometidos a empleos laborales extenuantes, con enfermedades psíquicas somatizadas, y con la única expectativa del consumo como fuga a un presente alienante, merece una reformulación) exige plantearse –siquiera como hipótesis– un cambio sustancial. Aunque  no esperen encontrar aquí la fórmula que remedie sus sinsabores, no es posible remediarlos  con fórmulas magistrales, quien lo crea se autoengaña:  ni existen piedras filosofales ni bálsamos de fierabrás.


El mundo moderno (la postmodernidad, la modernidad líquida, llámenle x) éste que padecemos con sus comodidades que atrofian y sus mentiras rotundas. Sostenido en un sistema que nos mantiene explotados por el trabajo a salario, la enfermedad (física o psíquica) crónica, el desprecio al de al lado, la mercantilización de los cuidados (antaño tareas del amor y el mutuo apoyo) y hasta por una «espiritualidad» como producto  al alcance de una tarjeta de crédito. Este mundo se merece un funeral y no faltan quienes entonan cantos de cisne con anticipaciones apocalípticas plausibles.


Pero si no es este mundo ¿Qué mundo? Atrevámosnos a conjeturarlo. Roto en mil astillas el ideal de progreso que prometía felicidad y nos devuelve el lodo emponzoñado del ecocidio, ¿cómo plantearnos un cambio de paradigma que descarte producir para consumir y viceversa? Esta rueda de molino en la que, como bestias de carga cegadas por un antifaz, damos vueltas y vueltas sin sentido, hay que detenerla.


No lo lograremos si no nos desnudamos de todas las mentiras con la que nos visten en el momento de nacer. No será fácil ni será cómodo, el enemigo a abatir es poderoso, tan poderoso que ha parasitado nuestro yo más íntimo y ya no nos queda ni un remanso de silencio interior en el que detenernos a oír la voz de la propia conciencia.





Y esa sí, la conciencia, es la gran revolucionaria. La revolución comienza desde la propia piel hacia adentro. Sin desparasitarnos de lo embuído desde el sistema, de todas las zonas colonizadas por él, no será posible un mundo nuevo.


Nuevos mundos proyectados tiempo atrás no fueron viables porque ésto no se tomó en consideración, se pretendió que el enemigo estaba afuera, siempre en la economía o la política y que con cambiar los rótulos bastaba. Pero una fábrica era una fábrica tanto si su titularidad era  privada como si era del Estado  no dejaba de ser una factoría de producción, de exploración del medio y de los trabajadores.


En la economía y la política se basa el paradigma actual, erraríamos una vez más si  pretendiéramos hacer un mundo nuevo  en un odre viejo. Dado que la revolución comienza en la propia conciencia del individuo necesitamos nutrirla, descartar el alimento rápido y sin sustancia que hoy el sistema nos proporciona y nos obliga a producir en su espiral de destrucción y de evasión. Destrucción del medio y de las cualidades de lo humano. Evasión como regalo envenenado, como defenestración de las propias capacidades para hacernos cargos por completo de nuestras vidas.


El alimento de la conciencia son los valores. Si las ideologías llevan al odio y el enfrentamiento, a la dominación y la violencia, a la sed insaciable, en suma, de poder, es en los valores donde nos encontraremos. Primero e imprescindiblemente a nosotros mismos después, y no menos imprescindiblemente, con los otros, nuestros semejantes. Pero ¿Hasta qué punto no nos hemos alejado de los valores? Debemos recorrer un largo trecho si queremos  poner en el centro del nuevo mundo los pilares que lo sustenten. Estos pilares han de ser bien sólidos para que ninguna bala los atraviese, si son inmateriales no podrán horadarse.


La frugalidad debe sustituir al consumo, quien necesita poco es más libre. El salariado abolido por el trabajo libre asociado, puesto que el salariado nos embrutece y nos resta vida. La propiedad privada concentrada deviene siempre en codicia, en falta de equidad, el medio es nuestra morada nos serviremos frugalmente de él y le deberemos servicio, su gestión debe ser comunal, sin eludir ni delegar responsabilidades. La libertad de conciencia no debe ser asediada por aparatos propagandísticos de ningún signo, la libertad de expresión es la forma natural de intercambio de ideas.


Este breve esbozo apunta hacia la libertad, pero no es más que un breve esbozo que nos sitúa en un ideal deseable, para acercarnos a él la tarea está por hacer. Por más que, por el momento, ese ideal se nos antoje inalcanzable en nuestras manos está el comenzar hoy, ya. Alimentemos la conciencia, hablemos de valores, centrémonos en el acopio de virtudes y desdeñemos los disvalores que el sistema nos impone.


Si hay un porvenir, su materia prima es un sujeto que, consciente de sí, moldea un barro primordial: la construcción de una ética que subvierta la ferocidad depredadora del sistema vigente.






SOBRE LA VIOLENCIA



En la raíz de toda violencia se agazapa el ogro de la voluntad de poder, la aspiración, siempre espuria, de dominación sobre el otro, los otros.  Esto sucede en la relaciones de corta distancia (podemos advertirlo en la observación de los hechos) tanto como a las que atañen al gobierno de la sociedad.


Para abordar la cuestión de la violencia se pueden establecer categorías, subcategorías, estudios sectoriales, etc, pero lo que sustenta todo acto de violencia, el mínimo común denominador a todo acto violento, es la voluntad de someter, de sojuzgar.


Mientras que la agresividad está presente también en el reino animal y supone una respuesta adaptativa, la violencia es un constructo humano.  La biología nos informa que  el humano nace macho o nace hembra.  Al individuo de nuestra especie compete responsabilizarse de sí y de sus actos. Como seres sociales la interacción del individuo con los próximos y semejantes va configurando su biografía. En los primeros estadios de la vida es donde el germen de la violencia se halla latente; que prospere o no, que el individuo  haga de sí mismo un sujeto violento o recurra a la violencia para obtener ventaja sobre los demás, no obedece a un sólo factor sino a la combinación de varios, excedería este espacio detallarlos todos.


La violencia puede ser ejercida de dos formas: una mediante el uso de la fuerza, sea por la propia del sujeto o auxiliado por algún artefacto; dos mediante artes que no requieren de la fuerza sino de  habilidades tales como la astucia, el cálculo, la persuasión, la agresión verbal, etc, es la denominada violencia psicológica.








Pero ¿Y el sexo? ¿es determinante para que el individuo humano sea violento?  ¿Hay más individuos violentos de sexo masculino o de sexo femenino? El macho de la especie está dotado de mayor masa muscular que la hembra lo que le otorgaría  ventaja en caso de decidir ejercer violencia física sobre ésta, o sobre otros individuos de su mismo sexo menos dotados. La hembra, no obstante, puede ejercerla sin riesgo de resultar vencida si elige como víctima alguien más vulnerable.  El ejercicio de la violencia mediante la fuerza es más indisimulable, más ostensible, que el de la violencia psicológica, y por ello crea mayor alarma, incita a la precaución, a la salvaguarda.




La violencia psicológica puede ser ejercida  sin que requiera de ninguna dotación física específica. Basta con la resolución de ejercerla y las habilidades requeridas ya citadas. No es ostensible sino soterrada, no crea alarma si no es en un estadio ya muy avanzado. A menudo resulta difícil librarse de ella, enfrentarla, porque el desgaste continuado al que ha sido sometida debilita considerablemente a la víctima. También es más difícil mostrar ante terceros no involucrados que, en efecto, está teniendo lugar, de ese modo la indefensión se agranda.




La diferenciación morfológica o sexual determinaría en parte si  la violencia que se ejerce es  física o psicóloga pero no determinaría la resolución de ejercerla. Esa resolución está emparetada con los modelos que se han ofrecido en los estadios tempranos de la biografía, si han sido habituales y tenidos por aceptables o si han resultado eficaces en la obtención de un fin concreto.




Hay, además, otras dimensiones en el ser humano, más allá de la biología o la cultura, que no deben ser desdeñadas, principalmente la que acontece en el fuero interno de cada cual. Si las dos primeras no dependen del individuo y por tanto podrían eximirle o servir de atenuantes,  la dimensión ética pertene exclusivamente a él, se trata, sí, de la conciencia. Todo ser humano, sin importar características morfológicas o sexuales, dispone de libre albedrío para determinar qué es o qué no es ético hacer. Aunque hay algunos que deciden obviarla en la implacable persecución de un fin, son aquellos cuyo único motor de vida consiste en ejercer el poder y la dominación, sea éste en el ámbito más cercano o de mayor alcance. Se trate de aplastar física o psicológicamente a un individuo, a un grupo o una sociedad entera. Para someter al otro, los otros, contra su voluntad, el ejercicio de la violencia, sea en una u otra variante o combinándolas, a menudo sofisticándolas, se vuelve del todo imprescindible.















EDITORIAL INICIAL DE LA PÁGINA DE FACEBOOK NO SOMOS LILAS

POR QUÉ NO SOMOS LILAS



Esta página está ideada para construir un espacio de reflexión sobre los roles hombre/mujer en la sociedad actual.  La deriva del feminismo desde su asalto a las instituciones de poder y  la imposición de un discurso único que va alcanzando tintes totalitarios,  hacen necesario el pensamiento crítico ejercido desde una serenidad que apacigüe la estridencia de las manipulaciones mediáticas y los eslóganes políticos.  



Hombres y mujeres comunes nos vemos hoy arrastrados por leyes y doctrinas que transforman nuestras vidas, sin que nuestra participación sea requerida ni nuestras opiniones escuchadas.  



La convivencia se resiente como consecuencia de una guerra de sexos que está siendo alimentada por un pretendido igualitarismo que no obstante consiente la discriminación de un sexo para privilegiar al otro.



Defendemos que hombres y mujeres deben tener igual consideración ante la ley y que ambos sexos deben poder desarrollar en libertad sus vidas conforme a las capacidades y anhelos de cada sujeto.  La diferenciación entre sexos impuesta por la biología, sin embargo, no debe ser obviada en pos de un igualitarismo de resultados que contraviene la naturaleza e idiosincrasia de los mismos. Los sexos no son opuestos sino complementarios. La unión de ambos hace posible la descendencia,  decisión que debe ser tomada en libertad sin que se opongan obstáculos legislativos,  laborales,  doctrinarios o de otra naturaleza.
  





VENCIDOS



Ocho décadas atrás los vencidos no fueron un puñado de militares ni un haz de siglas de partido o sindicatos sino todo un pueblo. La memoria de ese pueblo –que fue y ya no es– debe ser honrada desde el pueblo mismo, si es que queda algo de pueblo.  Pero quizá no quede,  hoy todo está mediatizado, todo es institucional o aspira a serlo. Todo se legisla, todo se pauta. Parece no existir iniciativa alguna que no apele al brazo «redentor» del poder constituido, para que éste, como un padre de natural cicatero, conceda la gracia de una dádiva.

¿Debemos aceptar, sin más, que ya no somos pueblo? ¿Podemos honrar a los que fueron si ya no somos? Más allá de las flores y de las banderas una forma de honrarles sería rescatar su memoria de la aviesa propaganda de la que hoy es presa, traerla con nosotros –verdadera y desnuda– para aprender con ellos, de ellos, la lección de dignidad que supone la lucha.

No vencieron pero lucharon, los  derrotados hoy somos nosotros, si es que existe ese «nosotros»

19/07/2017 







miércoles, 18 de julio de 2018

REDEFINICIONES

patética: dícese de la mujer a la que le gusta el paté y la ética.

pansexual: dícese de aquellos a quienes le gusta el sexo con pan (también de los que gustan del pan de higo)












martes, 17 de julio de 2018

DESPERTAR DE UNA QUIMERA



Sucede que un día descubres que lo bello no es siempre verdadero y que lo extraordinariamente bello suele ser falaz. Ese día aprendes que en la travesía del desierto las  exultantes tentacione no son, es obvio, sino espejismos con que la mente ensaya un sueño consolador. En ese entonces adviertes que las realidades acaban imponiéndose por más que intentes eludirlas y que aceptarlas no te debilitan, como, erróneamente, habías creído, sino que te fortalecen y te hacen dueña de tí misma. Nace así una sed de veracidades constatables que conviertes en tu motor de vida y que prevalece al anhelo de belleza y perfección en el que vanamente te habías enredado. La fealdad de un rostro ya no te espanta, siempre preferirás su desnudez   a la máscara lábil del espejismo. Desde ese día, esa noche, no precisas cuentos para dormir porque tu vida ya te pertenece,  el anhelo de verdad te conduce y no temes las escarpadas cimas ni los pozos  anegados. No atiendes cantos de sirena ni proyectas oasis en el horizonte. No precisas cuentos para dormir porque prefieres estar despierta, compruebas, sí,  que la vigilia no te vence, te refuerza.






jueves, 12 de julio de 2018

MULTAS POR PIROPEAR



Pues qué queréis que os diga, yo eso de piropear lo entiendo, y no porque me crea irresistible –que también– sino porque la contemplación de la belleza incita a la exclamación ¿o es que no has visto alguna vez un paisaje y has soltado eso de: ¡menudo par de montes bien puestos ahí en el horizonte!? o ¡Pedazo delta, pedazo delta, ay, madre! o ¡vaya cañon del Colorado!, cosas así, qué se yo. Somos humanos. Claro que si eres hombre, no. No que no seas humano sino que no puedes piropear. A un paisaje vale, a una mujer, no. Bueno, puedes pero te multan, que lo sepas. Si te gustan los deportes de riesgo tú verás pero de 700 pavos no baja la broma. Que digo yo que ¿cómo lo harán para multar? Muchos municipales patrullando las aceras ¿no? Ven a un obrero cavando una zanja y esperan para ver si suelta el pico, silba a la transeúnte, y entonces ¡zas! sacan tarjeta roja y pitan como un árbitro, boleto y 10% de rebaja si pagas en el acto. Sólo podrás si acabas de cobrar el mes y has pasado por el cajero. No quiero pensar cómo vas a pasar el resto del mes: 30 días sin un puto euro, ¡que más te hubiera valido clavarte el pico en el pie! así por lo menos te pillas una baja por accidente laboral. No mortal. Por esta vez. 










domingo, 8 de julio de 2018

LENGUAJE POLÍTICAMENTE CORRECTO



El lenguaje políticamente correcto es una forma de eludir la realidad. En mi barrio de niña había una tienda de comestibles regentada por una señora que apenas oía, todos conocían aquel negocio como "la tienda de la sorda" lo que no ofendía absolutamente a nadie, tampoco a la "disminuida sensorial", la realidad cotidiana constataba los chillidos y gestos que amenizaban aquel local. ¿Desde cuándo hemos dejado de asumir la realidad y de aceptarnos a nosotros mismos?








LIBERTAD DE EXPRESIÓN



Demandamos libertad de expresión aunque a menudo no nos concedemos a nosotros mismos la libertad de pensar lo que decimos. De este modo el uso que hacemos de esa “libertad de expresión” lejos de ser un sano ejercicio de la argumentación deviene en una escalada de insultos o desprecio hacia el otro. Con todo, eso no pasaría de ser una antiestética reacción si no fuera porque lo ominoso es creernos que esas invectivas nacen genuinas desde nosotros mismos, cuando sucede que, la mayoria de las veces,  nos limitamos a repetir las consignas que nos son suministradas. Podríamos preguntar a Goebels o a Mcluhan, o a sus miles de discípulos en los medios o en las redes. Podríamos quizá preguntar a Girad y su teoría del impulso mimético, pero sobre todo deberíamos preguntarnos a nosotros mismos por qué desistimos tan frecuentemente de reflexionar.







miércoles, 13 de junio de 2018

DEMASIADA POLÍTICA, NINGUNA ÉTICA



Días atrás tuvieron lugar en la política institucional dos hechos que hicieron hervir las redes,  uno la adquisición por el líder de Podemos y su portavoz de una casa de lujo;  dos la sentencia de uno de los mayores casos de  corrupción de la historia reciente del partido en el gobierno. Mientras (en Andalucía, en Valencia, etc) siguen su curso otros casos no menores donde se juzgan tramas del poder para el enriquecimiento de líderes de partidos, significados militantes y redes clientelares.  



La actualidad,  sin embargo, se renueva a ritmo trepidante.  Una vez emitida la sentencia del caso Gürtel,  había que desalojar a M.  Rajoy –ese capo de hampones que había mentido al tribunal– de la presidencia. Pero Don Corleone se resistía a dimitir, el poder crea viscosas adherencias y he aquí que Sánchez,  escudero con aspiraciones de adalid, encontró oportunidad para postularse de nuevo, esta vez mediante una moción de censura que ha prosperado con el apoyo de Podemos y las minorías separatistas. Las veleidades del nacionalismo vasco pusieron precio a la traición que culminó con la investidura del líder del segundo partido representado en un Congreso muy fragmentado.



Todos los hechos mencionados se han desarrollado conforme a la legalidad vigente ¿por qué,  entonces, han originado tan encarnizados cruces de comentarios?  Vayamos por orden cronológico.  









lunes, 4 de junio de 2018

LOS QUE ANSÍAN EL PODER



No confío en aquellos que ansían el poder, menos aún cuando lo logran. Sonrisa fácil. Desenvoltura ante las cámaras. Audacia. Pactos con los diablos si hace falta. Mal estamos por aquí abajo, el lugar pixelado del “demos”: nos conformamos con lo que aparenta ser menos malo (todavía); con haber despachado al fin la vergüenza clamorosa de lo mucho mentido, de lo uno y otra vez impunemente saqueado…



La conformidad consiste en apretar los dientes en un amago de sonrisa, en desear que el disimulo no se quiebre, temiendo sin embargo el momento en que los nuevos disfraces desvelen el perverso mecanismo que camuflan.















miércoles, 23 de mayo de 2018

VISITA INESPERADA





Hoy ha venido a visitarme Durruti. Sí, ése, el histórico anarquista. Naturalmente no ha venido a casa. Nos hemos encontrado en un banco del parque donde suelo pasear a la Cuqui los días soleados. 



Le reconocí enseguida, aunque no llevaba el uniforme de miliciano, sino una chaqueta de lana raída. Sentado al sol, leía un manoseado libro cuyo título el tiempo había borrado. Cuando me acerqué, desatendió la lectura. 



La Cuqui ladraba jubilosa enredada a mis piernas, le tiré la pelota y se alejó, dejando entre el hombre cejijunto con barba de tres días y yo una pausa de silencio elocuente; con un gesto me invitó a compartir el asiento. 



Desde el principio supe quien era porque llevaba un mundo nuevo en su corazón. Sin aún haber intercambiado palabra alguna, abrió su chaqueta y extrajo del bolsillo interior izquierdo un papel plegado. Lo colocó sobre la ruda madera en el espacio que mediaba entre los dos y pude ver que era un mapa del mundo. No era político sino físico, en él se reflejaban las cordilleras y los lagos, los océanos aparecían en un límpido turquesa. 



Sin saber cómo (por una extraña elipsis del tiempo) me encontré hablando de forma apresurada, refiriéndole acerca del heteropratiarcado, los cisgéneros, las niñas con pene y los niños con vulva, con palabras atropelladas. 



Se levantó con parsimonia, se reacomodó los gastados pantalones y se dispuso a marcharse no sin antes recoger el mapa físico del mundo, ahora más descolorido. 



Se alejó prado abajo con larga zancada hasta desaparecer entre la concurrencia, que junto al estanque alimentaba a los patos sin advertir cómo la pitanza era engullida por una colonia de ratas escondidas entre los juncos.



Lo llaman sueños, dicen, porque son interpretables, yo creo que lo llaman sueños porque son absurdos, quizá. La Cuqui regresó con la pelota babeando entre sus dientes. Luego las dos tiramos para casa, ella con paso jublioso, yo arrastrando los pies con torpeza.











viernes, 18 de mayo de 2018

LA CULTURA DE LA DENUNCIA




Después del primer acto con el que diera comienzo el bochornoso espectáculo al que asistimos tras la sentencia de la #manada, hemos podido asistir a algunas escenas más. Tales como ver a nuestros jóvenes en las calles (y en algunos platós) gritando consignas como si de unas juventudes hitlerianas se tratara (1). Ya sabíamos que estaban siendo adoctrinados, sin embargo, nos ha llenado de espanto comprobar hasta qué punto es así. Muchos talleres, seminarios y cátedras “de género” se vienen aplicando a fondo en ello desde hace tiempo con cargo a los presupuestos “de igualdad”. (2) 



También hemos leído a hombres autoinculparse (¿de ser hombres?) como en una especie de ceremonia del pecado y la expiación que recuerda a la Iglesia o más bien a la autocrítica previa a las purgas estalinistas. Aún desconocemos el desenlace de dichas confesiones, aunque sabemos de casos de “aliados” que han sufrido el martirio sin que de nada les haya valido su confesa fe feminista. (3) 




Desde el hastag Cuéntalo, ha habido acusaciones de mujeres–unas veladas, otras con nombre y apellido– sobre abusos y agresiones de hombres concretos, a los que se ha expuesto en las redes como en una plaza pública, aprovechando que las hordas campaban por allí, para ahorrar trámites con la condena sumaria. (4) 




Nada de esto sucede por azar.  









miércoles, 16 de mayo de 2018

NO ES UNA CRISIS POLÍTICA O ECONÓMICA

(Sobre el necesario cambio de paradigma)





Algunos, muy pocos aún, somos ya conscientes de que vivimos en un tiempo de agonía, el escenario en el que hoy nos movemos tiene dinamitado los cimientos. En las grietas del asfalto a veces germinan semillas silvestres, otras no son más que la desembocadura de un lodo envenenado. Si uno repasa la Historia verá que viejas civilizaciones sucumbieron y a ellas siguieron tiempos de caos. Del caos, no obstante, nace horror y nace esperanza. La esperanza difiere de la mera ilusión en que surge de un ir sembrando, sin rendirse, sin darlo todo por perdido, pues aunque la cosecha no se alcance hoy, otros que vendrán la recolectarán.











Cambiar el paradigma basado en el usar y tirar es concedernos una posibilidad de trascender no por medio de mitos y utopías de paraísos sobrenaturales, sino atendiendo a la raíz de lo netamente humano. Como hijos de la naturaleza necesitamos que nos acoja en su seno, reconciliarnos con el origen de toda vida. Como hijos de la cultura, obra nuestra que es, necesitamos hacer de ella un espacio donde vuelva a encajar lo primordial que nos define. Una convivencia en la que primen los valores y no los precios, donde prevalezca lo inmaterial por sobre la mercancía. 





Frente al Sistema que nos envenena en lo tangible, tanto como en lo intangible: la brutal depredación que guía hoy toda conducta, sólo cabe oponérsele mediante el desinterés, la frugalidad, en definitiva: la indiferencia a los parámetros de triunfo y logro hoy vigentes. 





Somos pocos los que nos atrevemos a pensar en éstos términos, no vivimos en una crisis económica y política, sino en una quiebra de civilización, tenemos que plantearnos un reseteo, un cambio de paradigma, una genuina revolución muy distinta de las del pasado. Os invito a pensarla. Yo me atrevo, ¿quién más se atreve?










domingo, 13 de mayo de 2018

CONTRA-FEMINISMO COMO CONTESTACIÓN





Hasta fecha reciente el feminismo instalado hoy en las instituciones de poder no tenía contestación social. Debido a la colosal maquinaria propagandística de la que se vale logró instalar sus principales líneas ideológicas en la práctica totalidad de la población. Sin embargo desde hace algún tiempo, y aunque de forma tibia y marginal, está levantando algunas voces discrepantes que se hacen oír en las redes, donde aumentan cada día los foros, páginas o grupos dedicados a la contestación ideológica y a la puesta en evidencia de ciertas leyes feministas que resultan palmariamente injustas. No vamos a detallar las cuestiones más candentes de los encendidos debates porque a lo que nos vamos a referir aquí es a entrever quiénes son los que conforman esa incipiente disidencia.




Destacan sobre todos aquellos que directamente son damnificados por la Ley de Violencia de Género de 2004. Tras catorce años de su aplicación hay un número creciente de hombres denunciados por sus ex parejas mediante denuncias instrumentales para obtener ventajas en la custodia de hijos o en el reparto de bienes tras un divorcio o por enconadas venganzas. Junto a ellos se cuentan familiares y allegados. Toda vez que los casos aumentan se extienden las suspicacias en derredor entre quienes, aunque de forma indirecta, tienen referencia de algún conocido. 




Mujeres otrora militantes del feminismo que hallaron en él un nuevo corsé mientras que la corriente dominante se fanatizaba y encontraban inviable la discrepancia. Algunas lograron zafarse no sin esfuerzo, como quien escapa de una secta. 



Temerosas madres de hijos varones que se preguntan por el futuro que les aguarda.



Perplejas mujeres en edad de procrear que desean ser madres pero sólo encuentran hombres reticentes al compromiso.



Hombres que desean tener una relación formal de pareja pero desconfían o no se sienten atraídos por mujeres que, influenciadas por el feminismo, se muestran jactanciosas y desafiantes. 



Misóginos de ambos sexos amparados en la incorrección política.



Personas que contestan al feminismo por considerarlo parte sustancial del sistema de poder al que se oponen en su totalidad. 


Católicos o de alguna otra confesión cristiana. 



Este sector mencionado en último lugar fue el primero en contestar al feminismo y en él aún creen que son los únicos que se les oponen. Sin embargo se advierte que el número de opositores va en aumento y no obedecen, necesariamente, a un perfil de convicciones conservadoras. Ni tampoco se pueden encuadrar (por más que lo reiteren como una letanía desde el feminismo) en esa etiqueta comodín de “machista”.  







Así como el feminismo dominante se asienta en una ideología dogmática, el contra-feminismo no tiene un corpus teórico propio, no es un movimiento y por sí mismo no tendría razón de ser. Se trata, más bien, de una contestación que nace de la experiencia tras años de implementación de políticas feministas y las consecuencias sociales derivadas de ellas. También de la resistencia a asumir unas teorías disparatadas que contravienen el sentido común, la biología que constituye al ser humano y su diferenciación sexual más allá de los rasgos morfológicos.  

domingo, 6 de mayo de 2018

VÍCTIMAS Y VICTIMISMO




La condición de víctima es contingente, mudable, azarosa. La victimización sucede en un tiempo y lugar concretos y por causas que exceden la voluntad y la resistencia del sujeto que recibe embate de un agente externo, circunstancialmente más poderoso. Por lo descrito, cualquiera puede ser víctima, basta con que concurran unos hechos, no hay requerimiento previo ni característica alguna que predeterminen dicha condición. 


Con excepción de las víctimas mortales, el sujeto victimizado tenderá a querer restablecerse del daño ocasionado por sí o demandando el auxilio o la ayuda necesaria para lograrlo. En la medida de lo posible deseará recobrar la integridad previa al suceso. En el mismo instante que comienza a realizar el esfuerzo de recuperación cesa su condición de víctima. Al afrontar con determinación dicha tarea se convierte en un sujeto agente, en lucha y no rendido ni, por tanto, vencido. 


El natural componente empático presente en la condición humana, nos otorga la facultad de ponernos en el lugar de una víctima, compadecernos de ella y tratar de prestarle nuestra ayuda. Del mismo modo ésta lo agradecerá y tratará de emplear ese auxilio en beneficio del restablecimiento de su autonomía e integridad, sin desear prolongar indefinidamente la situación de amparo o protección más que el tiempo que requiera su recuperación. 


Naturalmente que esta definición, por escueta y básica, no incluye la multiplicidad de matices que cada caso concreto requeriría, si la elaboramos es por no perder de vista a qué nos queremos referir. 


El victimismo es una distorsión interesada de la victimidad. Se describe de diversas formas pero en dos direcciones. Una la de quien, arrogándose la condición de víctima, pretende hacer de esta condición no una situación contingente sino permanente. Como si la circunstancia de haber sufrido un embate le otorgara al sujeto derechos adicionales al restañamiento de sus lesiones, o una suerte de superioridad moral, mediante los cuales poder ser resarcidos de continuo por terceros. Otra la de quien encuentra en el abatimiento natural de la víctima, mientras es objeto de victimización, una suerte de debilidad aprovechable para su sometimiento, es decir ejerce dominio sobre la víctima dosificando calculadamente el comportamiento con ella, no con el fin de que alcance su autonomía sino de que se haga dependiente de ese auxilio o atención que se dosifica. 


En ambas direcciones la verdad sobre un hecho victimizador es adulterada por una reelaboración continua del mismo que sirve a unos fines. Mediante verdades parciales y flagrantes mentiras se construye un relato en el que las heridas nunca cicatrizan pues mientras sangren constituirán o bien motivo de demanda o bien pretexto para establecer tutelas. 


En nuestras relaciones cotidianas podemos hallar multitud de ejemplos. El familiar que tras padecer una lesión de espalda se sirve de unas inventadas secuelas para no aportar esfuerzo en tareas comunes o lograr que otros le resuelvan las propias. El progenitor que convence al hijo de que la manera de no volver a sufrir un atraco es no salir nunca solo, garantizándose así el control sobre las salidas de éste, organizando a donde debe ir y con quién. 


El victimismo, hablando en plata, es una manipulación que se establece apelando a esa capacidad empática que citábamos en el tercer párrafo. Supone un abuso, un ventajismo o una dominación encubiertos.











martes, 1 de mayo de 2018

SORORIDAD NUNCA, FRATERNIDAD SIEMPRE


No puedo adherirme a eso que denominan ”sororidad” por cuanto que a quienes dicen profesarla sólo las oigo gritar «Hermana yo sí te creo» y nunca, en ningún caso, gritan «Hermano yo sí te creo». No puedo hacerlo porque mis hermanas no son ni más ni menos que mis hermanos, tanto a ellas como a ellos me une la fraternidad.  



El afecto y la empatía los prodigo sin hacer distinciones en función del sexo de cada cual. Si alguno se halla en situación de abuso, acoso, agresión, o víctima de alguna situación injusta o denigratoria, tampoco hago distinciones de sexo para solidarizarme, prestar mi atención o acudir en su ayuda. No sé si seré rara por ello, en mi familia nos educaron para comportarnos así los unos con los otros y también con los demás. Me enseñaron que todo humano merece respeto a su integridad física y moral, sea hombre o sea mujer.  



Mi familia no es excepcional, es una familia común, como tantas. Por eso no me explico dónde habrán aprendido las adeptas de la sororidad que sólo merecen buen trato, consideración y respeto las mujeres. Para mí eso es inaudito, no concibo distinción de trato en función del sexo de cada cual, insisto. 



Tampoco entiendo el sesgo con el que tratan los abusos, acosos o agresiones. Que el acoso sexual a mujeres merezca campañas masivas y en cambio otros acosos no merezcan una sola mención. No entiendo, por ejemplo, por qué el acoso laboral no las mueve ni conmueve, y estoy pensando en ese juez que está recibiendo acoso laboral por parte del ministro. Acoso que, sin embargo, ellas parecen considerar una causa noble a defender, tanto es así que se dejan abanderar por el ministro para cargar contra el juez al que lanzan sus más envenenadas consignas.  



No creo que defender a una víctima suponga en ningún caso cobrarse una nueva víctima en una escalada vengativa dirigida por la bilis y las vísceras. Sobre todo cuando hay cauces legales, puesto que la sentencia en cuestión no es firme. Debe ser que eso que llaman sororidad induce a la coacción a terceros si éstos son hombres y que esa alianza entre mujeres que promueve no es sino una especie de pandillismo de hooligans. Conmigo que no cuenten en esa recluta de mujeres, mis hermanas no son ni más ni menos que mis hermanos y ningún ser humano se merece acoso, abuso, agresión o coacción, ni menoscabo alguno de su integridad física o moral. Ninguna causa que se sitúe por encima de esos principios éticos me parece ni defendible ni respetable. 



Ni el lila ni ningún color nublan mi entendimiento, oscurecen mi conciencia ni pervierten los principios éticos que me guían en la vida y en el trato con mis semejantes. Así soy yo, responsable de mis actos, que procuro consecuentes con mis pensamientos. Cada cual, también, es responsable de sí mismo, de lo que piensa y de lo que hace, sean éstos los pensamientos o actos que sean, porque ningún grupo disuelve nunca la responsabilidad individual y esto es válido para cualquier tipo de #manada.


domingo, 29 de abril de 2018

INSTRUMENTALIZACIÓN DEL CASO "MANADA"




Estoy francamente alarmada, pero no por la ola de violaciones que parece asolar el país, sino por esa unanimidad en todos los partidos, en todos los noticieros. Con ese nuevo”metoo” en las redes, que recibe guiños desde Hollywood. 



Estoy francamente alarmada por la ola–esta cierta y palpable– de manipulación de masas colosal. Instrumentalizan una vez más a las víctimas (ya lo hicieron con las del terrorismo de ETA) para que pidan a gritos, manada unánime también, endurecimiento de leyes. Pavor me da toda esta orquestación que, en nombre de un supuesto bien social–más “seguridad” y tal– se dirije a un cambio de leyes cuyo fin último, me temo, no es proteger a las mujeres, sino, una vez más, abolir la presunción de inocencia para el hombre. Hay precedente y por tanto razón para la sospecha. En el nombre de las víctimas de asesinatos en el ámbito de la pareja, para su supuesta protección y amparo, se ideó la ignominiosa Ley de Violencia de Género, entonces nos la colaron porque crearon previamente la alarma social que tan útil es a los intereses del Sistema. Catorce años después la violencia que llaman de género no sólo no ha desaparecido sino que sirve a un conglomerado de ONGs, fundaciones de partido, etc, para sostener una industria infame que mueve cientos de millones. Catorce años después la convivencia se ha quebrado y cientos de hombres comunes son acusados y vilipendiados desde el poder, que les arrebató, con esa aberrante ley, la presunción de inocencia. Estoy viendo venir idéntica maniobra, una vuelta de tuerca más sobre el hombre común, para que los que escapen a la primera ley sean alcanzados por la que se cierne. ¿De verdad pensáis que las víctimas les interesan? Tenemos precedente para sospechar que no, que en absoluto, que las instrumentalizan, que se trata de otra cosa bien distinta. Una vuelta de tuerca más en la guerra de sexos. 





¿Por qué ha sido escogido precisamente el caso #manada? Se ha orquestado con tiempo, las televisiones–y por ende las redes– han calentado bien la atmósfera, han dispuesto de meses para hacerlo (8M mediante). Chica que obedece a un perfil medio de mujer joven de hoy, como víctima, cinco sujetos embrutecidos sin pizca de empatía y con la catadura moral de un reptil infecto, como perpetradores. Pero jóvenes de barrio, sin mucho recurso, no importa si entre ellos hay un soldado o un Guardia Civil, son peones sacrificables para el poder, que dispone de muchos para recambio.  





Si tiene lugar una ley que de facto erradique la presunción de inocencia (antecedente tenemos) será la puntilla para las relaciones eróticas heterosexuales, así que mujeres, hombres, vayan haciendo pedidos de ciborgs para follar y jeringuillas de semen a la incipiente industria de la reproducción por si a alguien se le antojara alguna vez un bebé de carne y hueso. 










martes, 17 de abril de 2018

REVERTIR EL ABUSO DEL LENGUAJE SIMPLIFICADOR

El lenguaje publicitario nos ha acostumbrado al eslogan donde, en  una frase con gancho o un mero sintagma,  se concentran mensajes tan adherentes como fácilmente transportables. Así como un pañuelo de papel sirve para cualquier contingencia higiénica, del mismo modo desenfundamos las frases hechas en cualquier ocasión de intercambio verbal. Constituyen un atajo fácil para despachar asuntos sin aplicar el menor esfuerzo reflexivo.

La propaganda está bien surtida de ese arsenal fraseológico contra el pensamiento que a fuerza de reiteración instala obviedades incuestionables.  Veamos algunos de esos recursos que están en boga.

«Masculinidad tóxica»,  el origen exacto de este sintagma es difícil determinarlo aunque es fácil  deducir que procede de la prosa ideológica feminista,  cuyo análisis llevaría una biblioteca.  Da por descontado que la masculinidad tiene en sí misma un cariz enfermizo, lesivo, turbio,  que todos parecen aceptar incluso aquellos de sexo masculino que se defienden de él prestándole de ese modo credibilidad.  

Vamos con otro, este alcanza la longitud de una oración subordinada: «Si dices que no eres ni de izquierdas ni de derechas entonces es que eres de derechas». Alguien lo dijo ésto,  no se sabe ya cuándo ni a cuento de qué,  pero ha llegado a arraigar en el acervo de los tópicos generalmente aceptados.  

«La violencia no tiene género»,  este es de nuevo cuño y ha surgido a fin de contrarrestar la perenne acusación de violencia atribuida al género masculino. Estará quizá justificado mientras perdure esa atribución implantada machaconamente por la propaganda,  pero la confortabilidad de su uso no puede sustituir un razonamiento que sustente por qué,  en efecto,  es una falacia que el análisis desapasionado de la realidad refuta.



Relegamos a otro espacio y momento citar algunas consignas de pancarta que también han enraizado en el lenguaje coloquial.  

El objeto de este texto,  por breve,  no es entrar en un análisis exhaustivo ni pormenorizado de los lugares comunes del habla sino advertir que tras ellos se esconde,  por lo general, asunción o aquiescencia del lenguaje simplificador de la propaganda,  sobados tópicos o frases comodín,  y que podemos darle un uso renovado a los mismos tomándolos como balizas señalizadoras de que se impone una reconsideración de ellos a la luz de una reflexión serena y contrastada por los hechos y la experiencia.

Dicho de otro modo:  que cada vez que hallemos un tópico asumido,  una frase muy cacareada, un lema muy repetido, nos suene una alarma que nos alerte de que ahí precisamente está ausente el pensamiento propio y por tanto encarnado el de los dueños de la propaganda, del estado de  opinión,  del discurso hegemónico. Pensar por uno mismo es subversivo pero a condición de que,  en efecto, hagamos ese esfuerzo.  Seguir consignas no es revolucionario, cuando las masas son pastoreadas desde los altavoces y las pantallas,  es al individuo a quien corresponde alzar su voz única y clara sobre el monocorde pensamiento dominante.