La libertad no consiste en abrazar la doctrina adecuada sino en desasirse de todas ellas
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viernes, 18 de mayo de 2018

LA CULTURA DE LA DENUNCIA




Después del primer acto con el que diera comienzo el bochornoso espectáculo al que asistimos tras la sentencia de la #manada, hemos podido asistir a algunas escenas más. Tales como ver a nuestros jóvenes en las calles (y en algunos platós) gritando consignas como si de unas juventudes hitlerianas se tratara (1). Ya sabíamos que estaban siendo adoctrinados, sin embargo, nos ha llenado de espanto comprobar hasta qué punto es así. Muchos talleres, seminarios y cátedras “de género” se vienen aplicando a fondo en ello desde hace tiempo con cargo a los presupuestos “de igualdad”. (2) 



También hemos leído a hombres autoinculparse (¿de ser hombres?) como en una especie de ceremonia del pecado y la expiación que recuerda a la Iglesia o más bien a la autocrítica previa a las purgas estalinistas. Aún desconocemos el desenlace de dichas confesiones, aunque sabemos de casos de “aliados” que han sufrido el martirio sin que de nada les haya valido su confesa fe feminista. (3) 




Desde el hastag Cuéntalo, ha habido acusaciones de mujeres–unas veladas, otras con nombre y apellido– sobre abusos y agresiones de hombres concretos, a los que se ha expuesto en las redes como en una plaza pública, aprovechando que las hordas campaban por allí, para ahorrar trámites con la condena sumaria. (4) 




Nada de esto sucede por azar.  









domingo, 13 de mayo de 2018

CONTRA-FEMINISMO COMO CONTESTACIÓN





Hasta fecha reciente el feminismo instalado hoy en las instituciones de poder no tenía contestación social. Debido a la colosal maquinaria propagandística de la que se vale logró instalar sus principales líneas ideológicas en la práctica totalidad de la población. Sin embargo desde hace algún tiempo, y aunque de forma tibia y marginal, está levantando algunas voces discrepantes que se hacen oír en las redes, donde aumentan cada día los foros, páginas o grupos dedicados a la contestación ideológica y a la puesta en evidencia de ciertas leyes feministas que resultan palmariamente injustas. No vamos a detallar las cuestiones más candentes de los encendidos debates porque a lo que nos vamos a referir aquí es a entrever quiénes son los que conforman esa incipiente disidencia.




Destacan sobre todos aquellos que directamente son damnificados por la Ley de Violencia de Género de 2004. Tras catorce años de su aplicación hay un número creciente de hombres denunciados por sus ex parejas mediante denuncias instrumentales para obtener ventajas en la custodia de hijos o en el reparto de bienes tras un divorcio o por enconadas venganzas. Junto a ellos se cuentan familiares y allegados. Toda vez que los casos aumentan se extienden las suspicacias en derredor entre quienes, aunque de forma indirecta, tienen referencia de algún conocido. 




Mujeres otrora militantes del feminismo que hallaron en él un nuevo corsé mientras que la corriente dominante se fanatizaba y encontraban inviable la discrepancia. Algunas lograron zafarse no sin esfuerzo, como quien escapa de una secta. 



Temerosas madres de hijos varones que se preguntan por el futuro que les aguarda.



Perplejas mujeres en edad de procrear que desean ser madres pero sólo encuentran hombres reticentes al compromiso.



Hombres que desean tener una relación formal de pareja pero desconfían o no se sienten atraídos por mujeres que, influenciadas por el feminismo, se muestran jactanciosas y desafiantes. 



Misóginos de ambos sexos amparados en la incorrección política.



Personas que contestan al feminismo por considerarlo parte sustancial del sistema de poder al que se oponen en su totalidad. 


Católicos o de alguna otra confesión cristiana. 



Este sector mencionado en último lugar fue el primero en contestar al feminismo y en él aún creen que son los únicos que se les oponen. Sin embargo se advierte que el número de opositores va en aumento y no obedecen, necesariamente, a un perfil de convicciones conservadoras. Ni tampoco se pueden encuadrar (por más que lo reiteren como una letanía desde el feminismo) en esa etiqueta comodín de “machista”.  







Así como el feminismo dominante se asienta en una ideología dogmática, el contra-feminismo no tiene un corpus teórico propio, no es un movimiento y por sí mismo no tendría razón de ser. Se trata, más bien, de una contestación que nace de la experiencia tras años de implementación de políticas feministas y las consecuencias sociales derivadas de ellas. También de la resistencia a asumir unas teorías disparatadas que contravienen el sentido común, la biología que constituye al ser humano y su diferenciación sexual más allá de los rasgos morfológicos.