miércoles, 13 de junio de 2018

DEMASIADA POLÍTICA, NINGUNA ÉTICA

Días atrás tuvieron lugar en la política institucional dos hechos que hicieron hervir las redes, uno la adquisición por el líder de Podemos y su portavoz de una casa de lujo; dos la sentencia de uno de los mayores casos de corrupción de la historia reciente del partido en el gobierno. Mientras (en Andalucía, en Valencia, etc) siguen su curso otros casos no menores donde se juzgan tramas del poder para el enriquecimiento de líderes de partidos, significados militantes y redes clientelares.  

La actualidad, sin embargo, se renueva a ritmo trepidante. Una vez emitida la sentencia del caso Gürtel, había que desalojar a M. Rajoy –ese capo de hampones que había mentido al tribunal– de la presidencia. Pero Don Corleone se resistía a dimitir, el poder crea viscosas adherencias y he aquí que Sánchez, escudero con aspiraciones de adalid, encontró oportunidad para postularse de nuevo, esta vez mediante una moción de censura que ha prosperado con el apoyo de Podemos y las minorías separatistas. Las veleidades del nacionalismo vasco pusieron precio a la traición que culminó con la investidura del líder del segundo partido representado en un Congreso muy fragmentado.

Todos los hechos mencionados se han desarrollado conforme a la legalidad vigente ¿por qué, entonces, han originado tan encarnizados cruces de comentarios? Vayamos por orden cronológico.  

Adquisición de un chalet de lujo

El partido Podemos, que dice representar los rescoldos del pretérito 15M, aquel donde se demandaban actitudes éticas tales como el stop a los desahucios en pos de un derecho universal a la vivienda, la transparencia en la gestión de lo público, desalojar de las instituciones a la vieja casta partitocrática, señalar a la banca como enemigo público número uno, rebajar los privilegios de la élite mandante, instaurar mandatos revocables, etc.; está liderado por un hábil demagogo que comenzó su carrera política (hace apenas cuatro años) teniendo a gala vivir con la austeridad y sencillez de un joven de barrio obrero, en una vivienda modesta y con ropa económica de hipermercado, de donar incluso una parte de su sueldo de diputado a causas nobles. Señaló a un ministro, cuando adquirió un ático de lujo por 600.000 euros, como indigno de la confianza requerida en un representante político. Sin embargo, no ha tenido inconveniente en echar a un lado sus principios para adquirir una vivienda de lujo por semejante precio, ha firmado una hipoteca con una entidad bancaria en condiciones de privilegio y se dispone a disfrutar en adelante de la vida propia de un millonario. Cuando le han afeado semejante bandazo ha explicado que es un proyecto familiar iniciado con su pareja, que entre ambos lo van a sufragar con su dinero y que en todo caso sus bases podrían revocarlos de sus puestos mediante una consulta virtual. Algunos se preguntaban en las redes ¿qué dinero, no decían no tenerlo? ¿Les ha dado tiempo a ahorrar tanto como para mantener un nivel de vida de lujo? ¿Planean dedicarse de por vida a la política, y la limitación de mandato? ¿Por qué el banco les trata con privilegios, a cambio de qué? Pero sus fieles les dieron un sí, naturalmente, ya se les vio haciendo campaña justificando lo injustificable por tal de no perder las posiciones políticas.  

La sentencia del caso Gürtel

Finalmente, tras un proceso judicial dilatado, la sentencia condena al partido en el gobierno y deja en evidencia la responsabilidad en la financiación ilegal de su presidente, así como que éste mintió en en el juicio. Lo que procedía era que Rajoy dimitiera pero, como acostumbra, esperaba una vez más que el tiempo enterrara el asunto. Acababa de pactar los presupuestos generales con el apoyo del nacionalismo vasco a cambio de la concesión de una importante partida presupuestaria.  

En el partido se dedicaban a echar balones fuera, sus fieles se justificaban señalando la corrupción ajena y la supuesta bonanza económica de la que se dicen artífices. 

Moción de censura

El líder del PSOE, que ansiaba el poder sin haberlo logrado en anteriores intentos, ve la oportunidad de conseguirlo y la aprovecha, da igual si había declarado que no iba a pactar con populistas (Podemos) ni con separatistas (Pdcat, ERC), donde dijo digo dice ahora Diego y arreando. 

Sus fieles celebran el arribo a la presidencia desde donde esperan reorganizar el partido de cara a las siguientes elecciones. Tienen asuntos graves de corrupción en vía judicial pero recurren al “y tú más” del partido adversario. 

El parlamentarismo partitocrático no es sino un teatro de pésima calidad. Los corredores del poder están exentos de toda ética, pero ¿cómo andamos de ética los votantes? Para poder emitir el voto hay que hacer de tripas corazón, taparse la nariz, mirar con sesgo, no querer percatarse de la estricta realidad y eso es lo que hacen millones de ciudadanos que acuden a la llamada de las urnas. El malestar que tamaña disonancia cognitiva les produce les hace incluso partícipes de una campaña en pro de su candidatura predilecta. 

No cabe duda de que existen problemas políticos de difícil resolución, y también económicos: el crecimiento no es más que un espejismo. El problema territorial y la fractura social en Cataluña están lejos de resolverse, pero con todo, el principal problema de que adolecemos como sociedad no es político ni económico sino ético, o mejor dicho de falta de ética, porque, seamos francos, ¿a quién le importa la ética? Aquí lo que a todos importa es “Qué hay de lo mío” y no sólo sucede en ese gallinero infame del parlamento, espectáculo bochornoso, no sólo en los tenebrosos despachos del poder, donde no hay luz ni taquígrafos, sino en todos y cada uno de los ciudadanos conniventes que revalidan con sus votos, con sus campañas exculpatorias, tamaña cochambre.  

Vivimos en una sociedad que se dice avanzada, esto se traduce en la costumbre de la heteronomía, de la delegación, en esencia de la irresponsabilidad, donde esperamos que el Estado proveerá, él mismo nos adiestró en la sumisión y la dependencia, en la docilidad que facilita la dominación. Pero hay dos puntas que lo atenazan: la economía (que empeorará) y el asunto territorial (no sólo el separatismo sino la hipertrofia burocrática de administraciones que se solapan) ¿Qué haremos cuando la tenaza se cierre, tenemos un plan b? Los revalidados por las urnas seguirán con el “toma el dinero y corre”, los capitales continuarán viajando en jet a paraísos fiscales, pero ¿y los de a pié? ¿Qué haremos los de a pie? ¿Manifestaciones estériles demandando “qué hay de lo mío”? ¿Ingresar en el caos del “ sálvese quien pueda”? ¿Nos disputaremos a puñetazos los salvavidas insuficientes? ¿Intentaremos arrojar al de al lado por la borda para hacernos con su puesto en la lancha neumática? ¿Nos alistaremos, quizá, en algún frente patriótico de banderas? 

No hay soluciones efectistas ni cortoplacistas, quien trate de vender alguna venderá humo y muy probablemente será un humo acre como de pólvora, como de bota marcial.  

Distinto sería si al politicismo y al economicismo ante pusiéramos la construcción individual y plural de una ética sustentada en valores primordiales, una unión entre iguales en la base social, esa mutualidad que aflora en las catástrofes y que ha constituido históricamente el motor de supervivencia de la especie. Pero hay que proponérselo. Supone, dadas las circunstancias de enajenación en la que nos hallamos, el camino más largo, pero será sin duda el que nos lleve más lejos, no será fácil pero tampoco imposible. Esa es la cuestión decisiva, votar no es decidir es dejarse pastorear como ganado. 


#novotar #etica #politicismoNo #corrupcionNo
#pensandolalibertad







lunes, 4 de junio de 2018

No confío en aquellos que ansían el poder, menos aún cuando lo logran. Sonrisa fácil. Desenvoltura ante las cámaras. Audacia. Pactos con los diablos si hace falta. Mal estamos por aquí abajo, el lugar pixelado del “demos”: nos conformamos con lo que aparenta ser menos malo (todavía); con haber despachado al fin la vergüenza clamorosa de lo mucho mentido, de lo uno y otra vez impunemente saqueado… La conformidad consiste en apretar los dientes en un amago de sonrisa, en desear que el disimulo no se quiebre, temiendo sin embargo el momento en que los nuevos disfraces desvelen el perverso mecanismo que camuflan.  

miércoles, 23 de mayo de 2018

Hoy ha venido a visitarme Durruti. Sí, ése, el histórico anarquista. Naturalmente no ha venido a casa. Nos hemos encontrado en un banco del parque donde suelo pasear a la Cuqui los días soleados. Le reconocí enseguida, aunque no llevaba el uniforme de miliciano, sino una chaqueta de lana raída. Sentado al sol, leía un manoseado libro cuyo título el tiempo había borrado. Cuando me acerqué, desatendió la lectura. La Cuqui ladraba jubilosa enredada a mis piernas, le tiré la pelota y se alejó, dejándo entre el hombre cejijunto con barba de tres días y yo una pausa de silencio elocuente; con un gesto me invitó a compartir el asiento. Desde el principio supe quien era porque llevaba un mundo nuevo en su corazón. Sin aún haber intercambiado palabra alguna, abrió su chaqueta y extrajo del bolsillo interior izquierdo un papel plegado. Lo colocó sobre la ruda madera en el espacio que mediaba entre los dos y pude ver que era un mapa del mundo. No era político sino físico, en él se reflejaban las cordilleras y los lagos, los océanos aparecían en un límpido turquesa. Sin saber cómo (por una extraña elipsis del tiempo) me encontré hablando de forma apresurada, refiriéndole acerca del heteropratiarcado, los cisgéneros, las niñas con pene y los niños con vulva, con palabras atropelladas. Se levantó con parsimonia, se reacomodó los gastados pantalones y se dispuso a marcharse no sin antes recoger el mapa físico del mundo, ahora más descolorido. Se alejó prado abajo con larga zancada hasta desaparecer entre la concurrencia, que junto al estanque alimentaba a los patos sin advertir que la pitanza era engullida por una colonia de ratas escondidas entre los juncos.

Lo llaman sueños, dicen, porque son interpretables, yo creo que lo llaman sueños porque son absurdos, quizá. La Cuqui regresó con la pelota babeando entre sus dientes. Luego las dos tiramos para casa, ella con paso jublioso, yo arrastrando los pies con torpeza.

#microrrelatoscsg

viernes, 18 de mayo de 2018

LA CULTURA DE LA DENUNCIA

Después del primer acto con el que diera comienzo el bochornoso espectáculo al que asistimos tras la sentencia de la #manada, hemos podido asistir a algunas escenas más. Tales como ver a nuestros jóvenes en las calles (y en algunos platós) gritando consignas como si de unas juventudes hitlerianas se tratara (1). Ya sabíamos que estaban siendo adoctrinados, sin embargo, nos ha llenado de espanto comprobar hasta qué punto es así. Muchos talleres, seminarios y cátedras “de género” se vienen aplicando a fondo en ello desde hace tiempo con cargo a los presupuestos “de igualdad”. (2) 

También hemos leído a hombres autoinculparse (¿de ser hombres?) como en una especie de ceremonia del pecado y la expiación que recuerda a la Iglesia o más bien a la autocrítica previa a las purgas estalinistas. Aún desconocemos el desenlace de dichas confesiones, aunque sabemos de casos de “aliados” que han sufrido el martirio sin que de nada les haya valido su confesa fe feminista. (3) 


Desde el hastag Cuéntalo, ha habido acusaciones de mujeres–unas veladas, otras con nombre y apellido– sobre abusos y agresiones de hombres concretos, a los que se ha expuesto en las redes como en una plaza pública, aprovechando que las hordas campaban por allí, para ahorrar trámites con la condena sumaria. (4) 


Nada de esto sucede por azar.  


El poder se vale de estrategias para implementar su agenda. Instigar el miedo desde sus altavoces suele salirle rentable, así como agitar las masas desde los movimientos que tiene cooptados. La banda del slogan nos grita que hay una cultura de la violación, de ese modo, apelando a la catástrofe para mover visceralidades, promueve las “soluciones” premeditadas, ya aupadas en legislaciones extranjeras. (5) 


Se esconde una aparente contradicción (un nuevo doble pensar orwelliano) entre no respetar jurisdicciones legales si éstas dictan sentencias inconvenientes a los intereses de la ideología feminista más gritona y que desde esa bárbara ideología se pretenda la judicialización de todo conflicto mediante la implantación de leyes y más leyes. Eso sí, ad hoc, de autor, con tribunales de excepción, donde se invierta la carga de la prueba. Atado y bien atado, como diría el dictador más reciente de nuestra historia, a quien las nuevas hordas parecen querer superar en ardor dictatorial. (6) 


No se trata de que las leyes sean más o menos abstrusas, como se ha pretextado, sino que sean como sean sirvan a unos concretos intereses. En nombre de un supuesto “derecho” de las mujeres a no tener miedo se quiere dar fin a un derecho fundamental conquistado: el de presunción de inocencia. Siendo el primero un “derecho” inventado sobre la base de haber azuzado el miedo mediante la manipulación y una entelequia pretender erradicarlo cuando en esencia se trata de una emoción primaria que sirve al humano de salvaguarda contra peligros ciertos.  


Pero esta ideología tiene como especialidad vender entelequias a cambio de obviar realidades constatables. Ya lo hace cuando niega las diferencias sexuales dadas por la biología amparándose en que todo es género y constructivismo social. Se valen del verbo “deconstruir” (un eufemismo de “destruir”, neolengua) para luego rehacer conforme a sus criterios preestablecidos. De este modo quieren llevarnos al extremo de que todo sea supervisado por sus ideólogos y adoctrinadores, con especial predilección por el control de la educación pública y la promoción de leyes que regulen todo acto de convivencia. Impulsando de ese modo una cultura de la denuncia, de la delación y el hipercontrol social, ¡cuánto nos remite ésto a infaustos sistemas totalitarios de triste recuerdo! (7) 


Debemos preguntarnos cómo estamos permitiendo que esto suceda. La pensadora Hanna Arendt nos sigue advirtiendo que rehusar al deber individual de pensar nos sume en la barbarie. La historia a veces se repite pero no siempre viene envuelta en idénticos abalorios, si no fuera así bastaría con identificar características superfluas. Es necesario, pues, hacer el ejercicio de evaluar lo que subyace a esta ideología revestida de pretendido progreso, de supuesta liberación de la mujer y otros colectivos oprimidos, cuáles son sus fines y qué medios los determinan. Por sus actos los  conoceremos.


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1. La huelga de estudiantes sobre la sentencia de la manada https://www.eldiario.es/sociedad/Huelga-estudiantes-sentencia-manada_0_769923341.html

2. 200 millones de presupuesto para igualdad este año http://www.elmundo.es/economia/2018/04/03/5ac3540522601ded478b4653.html

3. El actor Willy Toledo se confiesa en su cuenta de Facebook https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=1856179104439688&id=100001428484241

4. El hastag para contar abusos sexuales 

5. Legislación sobre violación que exigen consentimiento en países europeos 

miércoles, 16 de mayo de 2018

Texto recuperado del Facebook escrito hace 2 años

NO ES UNA CRISIS POLÍTICA O ECONÓMICA


(Sobre el necesario cambio de paradigma)


Algunos, muy pocos aún, somos ya conscientes de que vivimos en un tiempo de agonía, el escenario en el que hoy nos movemos tiene dinamitado los cimientos. En las grietas del asfalto a veces germinan semillas silvestres, otras no son más que la desembocadura de un lodo envenenado. Si uno repasa la Historia verá que viejas civilizaciones sucumbieron y a ellas siguieron tiempos de caos. Del caos, no obstante, nace horror y nace esperanza. La esperanza difiere de la mera ilusión en que surge de un ir sembrando, sin rendirse, sin darlo todo por perdido, pues aunque la cosecha no se alcance hoy, otros que vendrán la recolectarán.


Cambiar el paradigma basado en el usar y tirar es concedernos una posibilidad de trascender no por medio de mitos y utopías de paraísos sobrenaturales, sino atendiendo a la raíz de lo netamente humano. Como hijos de la naturaleza necesitamos que nos acoja en su seno, reconciliarnos con el origen de toda vida. Como hijos de la cultura, obra nuestra que es, necesitamos hacer de ella un espacio donde vuelva a encajar lo primordial que nos define. Una convivencia en la que primen los valores y no los precios, donde prevalezca lo inmaterial por sobre la mercancía. 


Frente al Sistema que nos envenena en lo tangible, tanto como en lo intangible: la brutal depredación que guía hoy toda conducta, sólo cabe oponérsele mediante el desinterés, la frugalidad, en definitiva: la indiferencia a los parámetros de triunfo y logro hoy vigentes. 


Somos pocos los que nos atrevemos a pensar en éstos términos, no vivimos en una crisis económica y política, sino en una quiebra de civilización, tenemos que plantearnos un reseteo, un cambio de paradigma, una genuina revolución muy distinta de las del pasado. Os invito a pensarla. Yo me atrevo, ¿quién más se atreve?

domingo, 13 de mayo de 2018

CONTRA-FEMINISMO COMO CONTESTACIÓN



Hasta fecha reciente el feminismo instalado hoy en las instituciones de poder no tenía contestación social. Debido a la colosal maquinaria propagandística de la que se vale logró instalar sus principales líneas ideológicas en la práctica totalidad de la población. Sin embargo desde hace algún tiempo, y aunque de forma tibia y marginal, está levantando algunas voces discrepantes que se hacen oír en las redes, donde aumentan cada día los foros, páginas o grupos dedicados a la contestación ideológica y a la puesta en evidencia de ciertas leyes feministas que resultan palmariamente injustas. No vamos a detallar las cuestiones más candentes de los encendidos debates porque a lo que nos vamos a referir aquí es a entrever quiénes son los que conforman esa incipiente disidencia.


Destacan sobre todos aquellos que directamente son damnificados por la Ley de Violencia de Género de 2004. Tras catorce años de su aplicación hay un número creciente de hombres denunciados por sus ex parejas mediante denuncias instrumentales para obtener ventajas en la custodia de hijos o en el reparto de bienes tras un divorcio o por enconadas venganzas. Junto a ellos se cuentan familiares y allegados. Toda vez que los casos aumentan se extienden las suspicacias en derredor entre quienes, aunque de forma indirecta, tienen referencia de algún conocido.  


Mujeres otrora militantes del feminismo que hallaron en él un nuevo corsé mientras que la corriente dominante se fanatizaba y encontraban inviable la discrepancia. Algunas lograron zafarse no sin esfuerzo, como quien escapa de una secta. 


Temerosas madres de hijos varones que se preguntan por el futuro que les aguarda. 


Perplejas mujeres en edad de procrear que desean ser madres pero sólo encuentran hombres reticentes al compromiso. 


Hombres que desean tener una relación formal de pareja pero desconfían o no se sienten atraídos por mujeres que, influenciadas por el feminismo, se muestran jactanciosas y desafiantes.  


Misóginos de ambos sexos amparados en la incorrección política. 


Personas que contestan al feminismo por considerarlo parte sustancial del sistema de poder al que se oponen en su totalidad. 


Católicos o de alguna otra confesión cristiana. 


Este sector mencionado en último lugar fue el primero en contestar al feminismo y en él aún creen que son los únicos que se les oponen. Sin embargo se advierte que el número de opositores va en aumento y no obedecen, necesariamente, a un perfil de convicciones conservadoras. Ni tampoco se pueden encuadrar (por más que lo reiteren como una letanía desde el feminismo) en esa etiqueta comodín de “machista”.  


Así como el feminismo dominante se asienta en una ideología dogmática, el contra-feminismo no tiene un corpus teórico propio, no es un movimiento y por sí mismo no tendría razón de ser. Se trata, más bien, de una contestación que nace de la experiencia tras años de implementación de políticas feministas y las consecuencias sociales derivadas de ellas. También de la resistencia a asumir unas teorías disparatadas que contravienen el sentido común, la biología que constituye al ser humano y su diferenciación sexual más allá de los rasgos morfológicos.  


En la amalgama contra-feminista puede hallarse gente de cualquier color político. Además el grado de discrepancia con el feminismo hegemónico es variable. Desde feministas moderados a quienes se etiquetan de antifeministas, no desean etiquetarse, o son partidarios de la restauración del viejo patriarcado anterior a la concesión del voto femenino, siendo esta última una opción muy minoritaria.  


Entre quienes no desean etiquetarse como antifeministas nos hallamos los que disentimos con él por oposición al sistema de dominación en su totalidad, dado que el feminismo es hoy el instrumento mediante el cual el poder constituido logra inmiscuirse en la intimidad de las personas, enfrentar entre sí a hombres y mujeres comunes, deshacer familias y vida horizontal, y por consiguiente, toda fuerza popular cohesionada que pueda confrontarle.  


Si observamos los puntos discrepantes entre feminismo y antifeminismo, que a menudo enconan los debates, detectamos claramente que en el antifeminismo sólo suele encontrarse un “no” de hartazgo, pero rara vez un aserto propositivo. Se acepta vagamente la igualdad ante la ley sin entrar a valorar con exhaustividad en qué debe consistir dicha igualdad, para qué y hasta dónde debe ser llevada a término. Pocos cuestionan el concepto mismo de “igualdad” o cómo dicho concepto, debidamente disfrazado de justicia social, es utilizado torticeramente para generar nuevas desigualdades. Es el caso de la citada Ley de Violencia de Género de 2004, que establece distintas penas por un mismo delito, mayores si se es hombre. Obviamente, las leyes feministas están generando un sexismo de nuevo cuño, evidencia que aparece desdibujada bajo el peso arrollador de la propaganda, omnipresente y reiterativa hasta la náusea. 


Por la heterogeneidad de los opositores al feminismo es poco probable hallar un proyecto aglutinador que los abandere más allá de la modificación o derogación de alguna ley concreta, objetivo éste que bastaría para muchos de ellos.  


Cabe decir que toda la intelectualidad parece militar sin fisuras en el feminismo mainstream, y que la oposición se halla huérfana de ideas y de liderazgos, tal vez ello explique el éxito de algún YouTuber de reciente aparición. Pocas, por no decir ninguna, estrella mediática se prestará a coquetear siquiera con ideas políticamente incorrectas, que los expulsarían a los márgenes o los condenarían a la indigencia laboral, pues tanto la industria cinematográfica (con Hollywood a la cabeza) como la ficción televisiva promueven con insistencia el feminismo tanto en los contenidos de las producciones como en campañas (desde MeToo a Cuentalo). Por el contrario, quienes en el mundo de la farándula se prestan a liderar campañas obtienen de inmediato relevancia, lo hemos visto con alguna actriz venida a menos por la edad que de pronto adquiere espacios mediáticos que le ayudan a no caer en el olvido.  


¿Debe haber un antifeminismo doctrinal? Por lo expuesto no creemos que vaya a haberlo. Tampoco lo encontramos deseable quienes contestamos al feminismo desde la contestación al sistema en su conjunto, pues precisamente es la doctrina, el dogma, el que es combatido en esa contestación y, cómo no, su puesta en práctica en forma de política totalitaria. 


Como hemos señalado con anterioridad en otros escritos no se trata de víctimas, sino de victimismo, lo que comienza como causa noble se pervierte, se instrumentaliza, de este modo ya el feminismo no se trata de mujeres sino de que éstas sirvan a un fin. En esa fase nos encontramos, en que un elevado sector de la población es conducido mediante medias verdades y flagrantes mentiras (manipulación de masas) a demandar recortes de libertades en beneficio de más ”seguridad”, que se traducirá en control absoluto de la intimidad de las personas.  


Hemos aceptado las cámaras de seguridad en bancos, aeropuertos, comercios, y por extensión en cualquier lugar público. Ahora se trata de que aceptemos registrar citas o encuentros íntimos en grabaciones, tal como ya hacen muchos divorciados cuando se comunican con sus ex parejas o se acercan al domicilio de éstas a recoger a los hijos. En previsión de posibles denuncias, graban en audio o vídeo dichos encuentros e incluso toda conversación que establezcan con la ex, a fin de que, si son denunciados, puedan disponer de pruebas en su descargo.  


Con las leyes que se vislumbran tras de tormentas orquestadas como las del caso #manada (no es casual que se haya elegido un caso con vídeo) será necesario disponer de pruebas por si acaso una cita erótica se convirtiera en una pesadilla kafkiana, dado que a las mujeres (una vez más) se les va a conceder el privilegio de poder denunciar sin que tengan el deber de probar el delito denunciado sino, incluso, basándose en subjetividades.  


El alcance del ataque a la libertad en curso no tiene parangón. Las nuevas tecnologías contribuirán a completar y consolidar el gran hermano orwelliano. Así, de la mano de una supuesta ideología liberadora –el feminismo– se vislumbra una dictadura totalitaria, en la línea, también, del ”doble pensar”, tan útil a las ingenierías de la manipulación. 


No debemos consentirlo aunque desde el contra-feminismo no haya ni un único color político ni una ideología de sustitución. Nos hallamos ante una situación de emergencia, si ante una herida abierta y sangrante no hay tiempo que perder y el reto es detener la hemorragia, detengamos esta sangría de libertades últimas antes de quedar exangües.  


La intelectualidad, como tantas veces demostradamente venal, no está ni se la espera, los medios obedecen a sus amos, contracorriente de esa manada enfurecida que se dirige ciega al borde del acantilado nos hallamos tan sólo un puñado de individuos conscientes, ovejas negras diseminadas entre el marasmo, nos queda alzar la voz, señalar el abismo y armarnos de valor para la resistencia.  


#pensandolalibertad #manadasno #nosoyfeminista






















domingo, 6 de mayo de 2018

VÍCTIMAS Y VICTIMISMO



La condición de víctima es contingente, mudable, azarosa. La victimización sucede en un tiempo y lugar concretos y por causas que exceden la voluntad y la resistencia del sujeto que recibe embate de un agente externo, circunstancialmente más poderoso. Por lo descrito, cualquiera puede ser víctima, basta con que concurran unos hechos, no hay requerimiento previo ni característica alguna que predeterminen dicha condición.  

Con excepción de las víctimas mortales, el sujeto victimizado tenderá a querer restablecerse del daño ocasionado por sí o demandando el auxilio o la ayuda necesaria para lograrlo. En la medida de lo posible deseará recobrar la integridad previa al suceso. En el mismo instante que comienza a realizar el esfuerzo de recuperación cesa su condición de víctima. Al afrontar con determinación dicha tarea se convierte en un sujeto agente, en lucha y no rendido ni, por tanto, vencido. 

El natural componente empático presente en la condición humana, nos otorga la facultad de ponernos en el lugar de una víctima, compadecernos de ella y tratar de prestarle nuestra ayuda. Del mismo modo ésta lo agradecerá y tratará de emplear ese auxilio en beneficio del restablecimiento de su autonomía e integridad, sin desear prolongar indefinidamente la situación de amparo o protección más que el tiempo que requiera su recuperación. 

Naturalmente que esta definición, por escueta y básica, no incluye la multiplicidad de matices que cada caso concreto requeriría, si la elaboramos es por no perder de vista a qué nos queremos referir.  

El victimismo es una distorsión interesada de la victimidad. Se describe de diversas formas pero en dos direcciones. Una la de quien, arrogándose la condición de víctima, pretende hacer de esta condición no una situación contingente sino permanente. Como si la circunstancia de haber sufrido un embate le otorgara al sujeto derechos adicionales al restañamiento de sus lesiones, o una suerte de superioridad moral, mediante los cuales poder ser resarcidos de continuo por terceros. Otra la de quien encuentra en el abatimiento natural de la víctima, mientras es objeto de victimización, una suerte de debilidad aprovechable para su sometimiento, es decir ejerce dominio sobre la víctima dosificando calculadamente el comportamiento con ella, no con el fin de que alcance su autonomía sino de que se haga dependiente de ese auxilio o atención que se dosifica. 

En ambas direcciones la verdad sobre un hecho victimizador es adulterada por una reelaboración continua del mismo que sirve a unos fines. Mediante verdades parciales y flagrantes mentiras se construye un relato en el que las heridas nunca cicatrizan pues mientras sangren constituirán o bien motivo de demanda o bien pretexto para establecer tutelas.  

En nuestras relaciones cotidianas podemos hallar multitud de ejemplos. El familiar que tras padecer una lesión de espalda se sirve de unas inventadas secuelas para no aportar esfuerzo en tareas comunes o lograr que otros le resuelvan las propias. El progenitor que convence al hijo de que la manera de no volver a sufrir un atraco es no salir nunca solo, garantizándose así el control sobre las salidas de éste, organizando a donde debe ir y con quién.  

El victimismo, hablando en plata, es una manipulación que se establece apelando a esa capacidad empática que citábamos en el tercer párrafo. Supone un abuso, un ventajismo o una dominación encubiertos.  

Más allá de la esfera íntima solemos encontrarlo en ámbitos laborales o educativos y, cómo no, en el gobierno de lo público. En la actualidad un puñado de ideologías basadas en el victimismo hacen carrera por cosechar adeptos valiéndose de él. Entre nosotros la más exitosa en cuanto al número de seguidores es el feminismo, que ha devenido en ideología hegemónica al ser cooptado como instrumento por las instituciones de poder. 

El discurso feminista en boga construye un relato victimista utilizando medias verdades y flagrantes mentiras, se impone mediante la propaganda. Puesto que algunas mujeres son víctimas en casos concretos –recordemos la definición de víctima que hemos formulado al inicio: condición contingente– se vale de esos casos para construir a partir de ellos una teoría general. Obviamos desarrollar aquí cómo emplea la sofisticada maquinaria de ingeniería social –pródigamente financiada– de la que se vale para inculcar dicha teoría. Persigue unos fines: hacer creer a las mujeres que son víctimas y que por tanto necesitan de tutela y especial protección ¡cuánto nos recuerda esto al progenitor que mencionábamos antes, aquel que, bajo pretexto de proteger, persigue controlar y dominar! 

Desde el feminismo hegemónico se les dice a las mujeres que son agraviadas –luego, víctimas– por algo que no pueden dejar de ser: mujeres, con lo que les auguran una victimización prolongada, por tiempo indefinido. De este modo convierte al sujeto femenino en un sujeto debilitado por la victimización, maleable, a quien se conduce y se pastorea por los caminos hacia una supuesta emancipación que nunca alcanza, pues se le niega la autonomía de quien ha restañado sus heridas y puede por sí desarrollarse en plenitud.  

Aunque también hay contrapartidas a esa aceptación prolongada de la condición de víctima: se obtienen obsequios y ventajas mientras se ahorra en esfuerzo. Esa asunción del soborno no obstante propicia el relevo de la victimidad al victimismo, recuerda a ese familiar para quien la pretérita lesión de espalda es ventajosa.  

Se es víctima por la concurrencia de unos hechos concretos, de unas acciones externas que exceden la voluntad propia, pero es una contingencia y basta iniciar el esfuerzo de sobreponerse para dejar atrás esa condición y ser un sujeto agente, autodeterminado, sin necesidad de tutelas. 

Las mujeres no tienen ninguna predeterminación que las convierta en víctimas por el hecho de ser mujeres, en la sociedad actual pueden lograr lo que se propongan alcanzar. No necesitan urdir victimismos sino ser honestas, en primer lugar consigo mismas, atreverse a escuchar su propia voz interior y no las arengas propagandísticas. Esa voz propia está entretejida de instinto, sensibilidad, voluntad, inteligencia, sentimentalidad, espiritualidad, basta con prestarle oído. Nada más. Ni nada menos. 

No se elige ser víctima, quien elige el victimismo se degrada.